Día 37/2 de Diciembre

Paola Perna Frainak

CUANDO EL CAMINO NO SE VE

Sabemos que “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo que es visible no provino de lo que se ve (Hebreos 11:1-3)

¿Y cómo seguir un camino cuando no lo vemos? Cuándo pasan los años y no vemos nuestro milagro hecho realidad. Porque la espera desespera… y duele. El tiempo pasa y seguimos orando, clamando, creyendo y nada pasa… ¿Y mientras tanto qué?

Nosotros no conocemos el final de nuestra historia y puede que tampoco entendamos lo que estamos pasando, pero es ahí donde probamos en que y en quien creemos, es ahí donde somos diferentes, y les puedo asegurar que se nota.

El otro día me preguntaron ¿Qué tenés? ¿Por qué sos tan feliz a pesar de lo que te pasa? Y yo sonreí y solo conteste… ¡Cristo vive en mí! Esta persona me miro y me dijo ¡Yo quiero eso!

En medio de la tormenta tenemos 2 caminos para seguir:
1. Abandonamos todo y nos rendimos.
2. Seguir nuestro camino tomados con una mano de Jesús y en la otra nuestra espada (la Palabra de Dios todo el tiempo), porque de su mano todo es posible.

Yo te aconsejo, ¡elegí la segunda opción! Tomá la mano de Jesús y dale tus problemas a él. Y la carga que llevás va a ser liviana y el camino empieza a hacer visible ¡Que maravilloso es el Señor!

Entregarle nuestra carga a Él es un acto de fe y es cuando el camino se empieza a ver, cuando los milagros empiezan a suceder y nuestro corazón comienza a sanar de todo aquello que no es del Espíritu Santo. Y se llena de “Amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas”. (Gálatas. 5:22-23)

Oramos: Señor te pido que me des espíritu de valentía para afrontar las batallas de tu mano y que se active mi fe para confiar a ti, altísimo Jesucristo, mis preocupaciones. ¡Amén!